lunes, 24 de diciembre de 2012

31. De como el Grinch robó la Navidad, y luego Timmy atropelló y robó al Grinch

A todo el mundo en Muerteville le gustaba la Navidad, menos al Grinch. El Grinch odiaba la Navidad, los anuncios de coches que no era capaz de entender (¿pero quién diablos hacía esos anuncios? ¿David Lynch?) y el giro que había dado la carrera de Jim Carrey en los últimos años. 

El Grinch era verde y estaba furioso. Lo único que le diferenciaba de Hulk es que él no tenía unos pantalones morados ultramegaresistentes (por cierto, ¿dónde diablos comprará los pantalones Hulk? Porque las camisas es evidente que son de los chinos, porque son de una calidad pésima y se rompen a la primera de cambio. Pero los pantalones siempre sobreviven, y además se ajustan tanto al tamaño de Bruce Banner como al de su alter ego. Lo único malo es ese color morado espantoso que, vamos, si yo fuera un adulto teniendo que ir con unos pantaloncitos cortos tan horteras, también me cogería unos cabreos de la leche. ¿Y esa manera de hablar con monosílabos? ¿Qué pasa? ¿Qué estudió con la Logse? En fin, mejor vamos a dejarlo...)

El Grinch era una especie de bichejo, primo lejano de los Gremlins, que había sido creado por el doctor Seuss, un tipo que ni era doctor ni nada, vamos, como el Doctor No, que de dominar el mundo sabría mucho, pero de cómo curar una infección de garganta más bien poco, porque intentar rebanársela al afectado no se considera una práctica estándar en la medicina convencional. Quizás en Uganda tenga sus seguidores, sí, pero eso es todo.

En fin, que en cualquier caso el Grinch decidió robar la Navidad. Pensó que la mejor forma de hacerlo sería camelarse primero a todos los habitantes, con falsas promesas y mentiras, haciendo que confiaran en él para luego, cuando menos se lo esperaran, entrar en sus casas y arrebatarles todos sus objetos de valor. Pero luego se dio cuenta de que ese sistema ya lo habían patentado los responsables de Bankia, así que optó por un enfoque más directo. Les enfocaría directamente con una linterna a la cara, mientras les apuntaba con una escopeta recortada. Más tarde descubrió que algunos directivos de Bankia también habían usado ese sistema, pero le dio igual y siguió adelante con sus planes.

El Grinch comenzó colándose en  las casas de Muerteville introduciéndose por las chimeneas, lo que le llevó a tener un desagradable encontronazo con el desollinador de Mary Poppins, que dijo algo sobre "jodida competencia desleal", "me quejaré al sindicato" y "te voy a meter el chim chimney por todo el...", al creer que el Grinch estaba intentando quitarle el trabajo. Tras discutir durante más de media hora, finalmente el villano decidió dejar el tema de las chimeneas y dedicarse a llamar directamente a la puerta. Lo que a su vez le llevó a tener un desagradable encontronazo con un grupo de mormones que dijeron algo sobre "jodida competencia desleal", "me quejaré a John Smith" y "te la voy a meter por el...", aunque esto último, para ser sinceros, no parecía tanto una amenaza sino más bien un deseo libidinoso por parte de los mormones, que no dejaban de comerse con los ojos al Grinch, del que uno dijo que le recordaba a un antiguo novio al que había conocido en una fiesta de la comunidad Oso.

Sí, fue una noche muy larga para el Grinch, casi tan larga como la peli de "El Hobbit", ese film en el que Peter Jackson parece haber seguido los consejos del hijo de Tolkien de utilizar hasta la lista de la compra con tal de poder sacar unos pocos pavos extra. Pero finalmente, tras muchos esfuerzos, logró su objetivo: apoderarse de la Navidad. ¡Sí! Por fin veía un poco de luz a final del túnel.

Lo de las luces es cierto. Pero no se trataba de un túnel, sino de la furgoneta de nuestros protagonistas, que en estos momentos estaba siendo conducida por Timmy, que había suplicado al resto que le dejaran conducir, ya que el mono de nicotina que tenía le estaba haciendo tener pensamientos violentos...más violentos que de costumbre, por lo que necesitaba estar ocupado si no quería acabar matando a alguien golpeándole en la cabeza con un hueso de pollo al que en primer lugar habría tenido que matar también y arrancarle el hueso que más tarde usaría como segunda arma homicida. Y como mientras lo decía no dejaba de mirar fijamente a Van Helsing, éste consideró que no pasaría nada por pasarle un rato el testigo de conductor del vehículo.

Era de noche y apenas se veía nada en la carretera. Pero, afortunadamente para el Grinch, Timmy pudo verlo a tiempo. Por desgracia para él, no sólo no le importó sino que, como gran jugador del Carmageddon que era, incluso pareció motivarle más a la hora de acelerar y llevárselo por delante. Así que la furgoneta se estrelló violentamente contra el villano, pasándole por encima.

De nuevo la suerte se alió con el Grinch, porque este impacto apenas le causó unos pocos rasguños. Lo malo es que no se puede decir lo mismo del segundo. Ni del tercero. Y del cuarto ya mejor ni hablamos. Timmy parecía estar bailando la yenca, dando un pasito pa'lante y otro pa'trás mientras seguía haciendo picadillo al pobre Grinch y, de paso, haciendo cada vez un poco menos creíble que realmente hubiera sido todo culpa de un desgraciado accidente que no se podía haber evitado, tal y como pensaba alegar si terminaban deteniéndole por este asunto. Aunque claro, si O.J. Simpson se libró de la acusación de asesinato, supongo que todo es posible.

Una vez que las ruedas mostraron evidentes signos de desgaste, Timmy salió del vehículo con su 9 milímetros para hacer 9 agujeros en la cabeza del Grinch. Acto seguido, cogió su saca y la introdujo dentro del vehículo, ante la atónica mirada de Jesse.

- Timmy, ¿has matado a...?
- Sí, he matado a ese jodido Grinch. Y si me encuentro a Jack Skellington me llevaré su cabeza de recuerdo y me haré una bola de bolos con ella, ¿entendido? Y ahora, disfrutad de vuestros regalos y sigamos nuestro camino

Van Helsing y Jesse se miraron, visiblemente afectados. Roy también. Atropellos, asesinatos, robos... ¡eran las mejores navidades de su vida! Se sentía tan imbuido por el espíritu navideño que decidió cantar un villancico. Pero como no se sabía ninguno, finalmente acabó interpretando el "Number of the Beast" de Iron Maiden

(continuará el lunes que viene. Sí, han leído bien, el lunes. Lo cierto es que no tengo tiempo para escribir esto en condiciones de forma diaria, así que es necesario optar por pasar la historia a periodicidad semanal para no correr el riesgo de hacer algo más lamentable que la última temporada de Fringe. Vale, no, nada puede ser peor que la última temporada de Fringe. Pero aún así, si quiero que esto conserve algún vestigio de calidad, será mejor aflojar un poco el ritmo por ahora. ¡Nos leemos el 31 de diciembre, en el último capítulo del año!)





domingo, 23 de diciembre de 2012

30. Timmy cogió su fusil

A Jesse no le gustaba la violencia (la violencia en el mundo real, se sobreentiende; luego era un gran fan de las películas de acción, sobre todo de las de Chuck Norris. Pero bueno, a todo el mundo le gusta Chuck Norris. Muchos lo dicen totalmente en serio. Y los que no, lo fingen, no sea que Chucky, que en el fondo es una persona muy sensible y emotiva, lo tome como un ataque personal y decida viajar a casa del susodicho para lanzar otro ataque personal, pero a las rótulas del hereje)

Como decíamos, Jesse era de tendencia pacifista. Se había pasado toda su infancia comprometido con la causa de evitar que los matones del barrio le gastaran bromas al típico niño enclenque y le robaran el dinero de la comida. Y ahora cambien lo de "gastar bromas" por "meterle la cabeza en el retrete de las chicas y darle vueltas durante media hora, mientras tiraban del elástico de sus gayumbos" y "típico niño enclenque" por "el propio Jesse".

Por desgracia, a pesar de sus esfuerzos, nunca había tenido suerte en su propósito. Ni dinero para el almuerzo más allá de la hora del recreo.

Aún así, Jesse había perseverado toda su vida. Recordaba con especial cariño una ocasión en la que en el instituto, al ver a unos jóvenes desorientados y con mucha rabia interna, les había dado unas magníficas charlas motivadoras, convenciéndoles de que tenían que hacer algo con esos sentimientos y canalizarlos de manera útil y positiva. Era un episodio de su vida al que llamaba "la magia del buen consejo". Le gustaba mucho más que el nombre que luego le dio la prensa al asunto, "la tragedia de Columbine".

Por ese motivo, cuando los hombres del Honrado Jimbo, los indios de Mani-Tutu y sus propios compañeros se disponían a empezar lo que prometía ser una auténtica batalla campal, el joven decidió que tenía que ponerse en medio de todos y tratar de razonar con ellos.

- Escuchadme - dijo - Sé que todos estamos un poco tensos, pero yo creo que con un poco de buena voluntad...
- ¡Espungoreemos a estos malditos! - le interrumpió Roy, cargando con su espada contra uno de los hombres del Honrado Jimbo y dando de este modo comienzo a las hostilidades.

Fue el inicio del caos. Los tres bandos comenzaron a atacarse mutuamente. Y como Jesse se había puesto en medio, y con la rápida respuesta de Roy no le había dado tiempo a apartarse, lo cierto es que se estaba llevando todos los golpes. En cuestión de segundos recibió dos flechazos, cinco disparos que pasaron rozándole y cuya procedencia era imposible de determinar y un botellazo en la cabeza con un envase de cristal de vodka vacío que, estaba casi seguro, había tirado Mofletitos.

Jesse intentó quitarse de en medio con la mayor dignidad posible. Arrastrándose por los suelos mientras pedía a gritos a todo el mundo que dejaran de lanzarse cosas...o al menos que se las dejaran de lanzar a él. Maldito Gandhi y sus enseñanzas que no servían para nada. Eso le pasaba por hacer caso a un tipo mayorcito que aún llevaba pañales.

Cuando se acabaron las flechas, las balas y las botellas vacías, se lanzaron a la lucha cuerpo a cuerpo. Todos encontraron a alguien con quien luchar, menos dos indios que, al verse descolgados, no tuvieron más remedio que ponerse a luchar entre ellos, para no sentirse marginados.

A Gladys le tocó lidiar con uno de los hombres del Honrado Jim, un gordo de 120 kilos armado con puños americanos y una navaja. Era, sin duda, una lucha muy desigual. A favor de Gladys. Aún así, la anciana no tuvo piedad del pobre pringado.

La marabunta de gente era tan grande que resultaba imposible saber quién iba ganando. Pero justo cuando la batalla estaba en su punto álgido, de repente se escuchó un disparo lejano que impactó en la cabeza de uno de los indios. Luego otro en la de uno de los hombres del Honrado Jimbo. Y así sucesivamente. Indio, Jimbo. Indio, Jimbo. Jimbo, Jimbo, Indio. Indio, Jimbo, Jimmy Jump, Indio...

Pronto, todos los pobres extras sin frase y posiblemente inmigrantes ilegales de los dos bandos que estaban participando en esta historia por la promesa de un bocadillo al final de la jornada, acabaron cayendo abatidos al suelo. Sólo Mani-Tutu, Oveja-Que-Salta-La-Reja y Gus, los tres personajes que al menos habían conseguido tener su propio nombre, pudieron ponerse a salvo y escapar a toda leche gracias a una cláusula de su convenio y la rápida participación de sus representantes.

Todos nuestros protagonistas se dieron la vuelta, para averiguar de dónde venían los tiros. Su reacción fue de absoluta sorpresa (que habría sido menor si hubieran sacado tiempo para leer el título del capítulo; que es como cuando ves "Sospechosos Habituales" sabiendo que Kevin Spacey es Keyser Söze o "Misfits" consciente de que muere Curtis...espera, a lo mejor eso aún no lo sabían. Esto...¡spoiler!) al descubrir que el autor de la matanza no era otro sino Timmy, que mantenía el ojo en la mirilla del AK-47 con el que había efectuado todos los disparos.

- ¿Timmy? - dijo Jesse - No me lo puedo creer
- Ni yo - respondió el niño - He fallado tres balas. Es culpa de la jodida cafeína. Sé que tendría que dejarla, pero a mi edad hay vicios que ya es imposible abandonar.

El niño guardó su rifle de mira telescópica, sacó una 9 milímetros del bolsillo trasero de sus pantalones y fue rematando uno por uno a todas las víctimas, para asegurarse de que estaban todas muertas y que además no volverían convertidas en zombies. Dos noches atrás se había pegado una maratón de la serie "Walking Dead" y andaba un poco paranoico con el tema.

- Hay que deshacerse de los cuerpos - añadió, mientras mascaba algo de tabaco - Afortunadamente cerca de aquí hay una fosa común en la que podemos enterrarlos a todos. Lo sé porque yo mismo la cavé.
- No me lo puedo creer - dijo un patidifuso Van Helsing
- Está bien, no la cavé yo, sino una de mis víctimas antes de obligarla a que se enterrara viva. Pero lo importante es que sé donde se encuentra. Seguidme, que no hay tiempo que perder.

Roy y Gladys no tuvieron ningún problema en acompañar al niño. No sólo no parecían molestos por lo sucedido sino que, en el caso de Roy, el comportamiento de Timmy hacía que ahora le cayera mucho mejor.  Van Helsing y Jesse, aún en estado de shock, cerraban la comitiva.

- ¿Te acuerdas cuando te dije que me alegraba de haber liberado a Timmy de su secuestrador? - comentò Van Helsing - Pues, si te soy sincero, ahora ya no estoy tan seguro sobre quién de los dos tuvo más suerte



sábado, 22 de diciembre de 2012

29. Haciendo el indio

La furgoneta donde iban todos nuestros héroes (en lo que empieza a ser un reparto más extenso que el número de hijos de Angelina Jolie y Brad Pit, que ya es decir) recorrió una buen número de kilómetros antes de entrar en la reserva. Concretamente en la reserva India, en la que, a pesar de las prisas que tenían, Gladys insistió en parar para jugar unas manos en el Casino. Se jugó las de Van Helsing, pero afortunadamente la vieja seguía en racha, por lo que consiguieron ganar el dinero sin necesitad de que Mani-Tutu y su lugarteniente Oveja-Que-Salta-La-Reja tuvieran la oportunidad de usar el machete para conseguirle un nuevo trabajo al cazavampiros como doble de luces del Capitán Garfio.

- Ya tenemos más dinero para los gastos - anunció la anciana - Y además también hemos ganado el Totem sagrado de la entrada, así que vamos a cargarlo en el coche
- Pero Gladys - dijo Van Helsing - No tenemos tiempo de...
- ¡A callar, Buffy de pacotilla! - le espetó la vieja que, en ausencia de Phil, había decidido tomarle como nueva víctima de sus insultos

De modo que Van Helsing tuvo que subir él solo el totem a la parte de arriba de la furgoneta, mientras Mani-Tutu lloraba desconsoladamente ante la pérdida de aquella pieza tan querida para él. No sólo por lo que representaba para la Comunidad India sino porque, aunque el resto de la tribu no lo sabía, Mani-Tutu había comenzado una relación en secreto con el totem, con el que se veía todos los jueves por la tarde cuando se ausentaba de casa con la excusa de irse a fumar con sus amigotes la cachimba de la paz. 

Cierto es que el Totem se mostraba frío y distante con Mani-Tutu, como si fuera un objeto inerte, pero en el fondo el jefe indio sabía que aquel trozo de madera albergaba sentimientos hacia él. ¿Locura? No más que la que tuvo Gepetto cuando dio cobijo a un niño de madera en casa, lo vistió con pantaloncitos cortos y colores chillones y lo hizo luchar con él contra el crimen como una tapadera para que nadie se diera cuenta de que eran pareja.

No, espera. Ese era Batman. Ya estaba mezclando otra vez las historias.

Mientras tanto, el grupo, con los bolsillos llenos, el Totem cargado y las botellas de vodka repuestas, se lanzó de nuevo a la carretera. Sin embargo no llegaron muy lejos, porque un kilómetro más tarde se encontraron con cinco buenos hombres que parecían estar atravesando por problemas mecánicos en su vehículo, lo que les había obligado a hacer autostop usando, eso sí, un método tan pintoresco como persuasivo, ya que apuntaban al coche con escopetas semiautomáticas, lo que ablandó tanto el corazón de Van Helsing que decidió parar la furgoneta para ver qué querían aquellos amables caballeros.

Pero resultó, oh sorpresa, que ni su coche tenía problemas ni ellos estaban haciendo autostop. En realidad aquellos hombres trabajaban para el Honrado Jimbo, que había dado la orden de disparar a matar a los tipos que habían saltado la banca en su casino y luego preguntarles dónde habían escondido el dinero. Había insistido en que ese era el orden correcto, aunque algunos de sus hombres más listos, los que habían acudido al menos al jardín de infancia, ponían en duda que fuera a ser el método más efectivo para recuperar la pasta.

- Muy bien - dijo Gunter, el lugarteniente más espabilado de todos - Ya podéis ir devolviendo al Horado Jimbo el dinero que le estafasteis en el casino
- Ese dinero lo gané honradamente con mi esfuerzo - repuso Gladys
- ¡Pero si la ruleta estaba trucada!
- Señal de que tuve que esforzarme mucho

Los sicarios del Honrado Jim apuntaron al grupo con sus armas. Estos reaccionaron haciendo lo mismo. No apuntándose con sus armas, me refiero a lo mismo pero al contrario. Como en una peli de John Woo. De las buenas, no de las que hacía en Hollywood.

Así que ahí estaban, los cinco sicarios del casino enfrentados a los 7 magníficos (Jesse, Gladys, Van Helsing, Bruto, Roy, Mofletitos y Huloui) Todos preparados para enzarzarse en una batalla cruenta, despiadada y llena de golpes bajos. Como el divorcio de Woody Allen y Mia Farrow.

Timmy intentó salir de la furgoneta para echar una mano, pero Jesse le hizo volver adentro. Ya bastante había sufrido al ser secuestrado por Wally como para verse envuelto ahora en un tiroteo en el que podía salir herido. El problema es que, al empujarle de regreso al interior del vehículo, sin querer hizo resbalar al niño, que cayó sobre una botella de vodka rota, que se clavó en una mano. Mientras gritaba de dolor chocó con la cabeza en el techo de la furgoneta, haciéndola vibrar hasta el punto de que el totem, que no estaba muy bien atado, fue a aterrizar justo en el pie derecho de Timmy, aplastándolo, lo que le hizo perder el equilibrio y resbalar hacia el lugar donde se encontraba uno de los pinchos recién afilados de Roy.

Sí, después de todo quizás hubiera sido mejor haber permitido al niño salir del vehículo.

Los dos bandos se disponían a empezar la matanza cuando, a su espalda, escucharon una especie de sonidos guturales extraños, unos cloquidos desagradables como si estuvieran desplumando a una cacatúa. Por un momento creyeron que se trataba de Shakira cantando. Pero no, eran los indios del casino, haciendo su característico grito de guerra (bueno, todos menos uno, que realmente estaba bostezando por culpa del sueño, y se tapaba la boca con la mano en señal de educación)

- Hemos venido a recuperar nuestro dinero - dijo Oveja-Que-Salta-La-Reja
- Y el totem. No te olvides del totem - le recordó Mani-Tutú
- Eh, a la cola - contestó Gus - Que nosotros nos habíamos pedido primeros para atracarles

Los dos bandos de malvados comenzaron a discutir. Como la cosa parecía ir para largo, el grupo de Jesse aprovechó para almorzar, jugar un rato a las cartas y descansar un rato. Tras varias horas de acalorado debate, finalmente Gus se acercó a la caravana para comunicarles que, después de haber terminado jugándose el turno a piedra, papel y tijera, ambos grupos habían decidido atacar a la vez. Nadie puso objeciones a la idea.



viernes, 21 de diciembre de 2012

28. Ladrón que roba a ladrón tiene...un morro que se lo pisa

En Muerteville, horas atrás, Wally T. Wally, más conocido por el apodo de "Wally", salía de la gasolinera donde había parado para comprar algo de comer cuando de repente se llevó las manos a los bolsillos. Se asustó al pensar que había perdido las llaves de su furgoneta. Sin embargo, resultó que las llaves seguían ahí. Lo que había perdido era la furgoneta.

Empezó a mirar en todas direcciones, pero no tardó en comprender que había sido objeto de un robo. Se habían llevado la furgoneta y todo su contenido: la rueda de repuesto, la caja de herramientas, el niño que había secuestrado... "Es indignante la cantidad de delincuentes que hay hoy en día", pensó muy cabreado. "¿Dónde está la policía cuando se la necesita?"

Pensó seriamente en poner una denuncia, pero luego recordó lo que había dentro del vehículo y terminó por comprender que quizás no era una buena idea. Si los policías miraban en la guantera, podían darse cuenta de que tenía los papeles del seguro caducado. Y aunque no lo sabía a ciencia cierta, pensaba que a lo mejor lo del rapto del niño también podría traerle problemas.

Sin embargo "Wally" no estaba dispuesto a renunciar a Timmy así como así. Debía dar con su furgoneta de algún modo y recuperar lo que legítimamente había robado. Nadie iba a secuestrar a su secuestrado. ¡Nadie!

En un mundo ideal, como el de los cuentos, hubiera encontrado un rastro de miguitas de pan que le conducirían directamente hasta su vehículo. Obviamente no podía contar con eso, así que se tuvo que conformar con seguir el rastro de botellas de vodka vacías que Mofletitos había ido tirando según se las acababa. Ahora sólo necesitaba un vehículo en el que poder iniciar la persecución. Afortunadamente, minutos más tarde la aparición de otra persona en la gasolinera solucionó ese pequeño problema.

En Muerteville, horas atrás, pero no tantas, la jefa de las girls scout Dorothy W. Walker, más conocida por el apodo de "Hueso T", salía de la gasolinera donde había parado a venderle una caja de galletitas al encargado, para acto seguido robarle el dinero y recuperar la caja de galletas, cuando de repente se percató de que algún malnacido se había llevado su bicicleta. Se reprendió a sí misma por no haberle puesto una cadena. La oleada de robos en la ciudad se estaba volviendo un problema muy serio. ¿Y qué hacía la policía? Nada.

Sin embargo "Hueso T" tenía claro que las cosas no iban a quedar así. El idiota que le había robado la bicicleta no tenía ni idea de con quién se estaba metiendo. Cuando lo encontrara, iba a arrancarle cierta parte de su anatomía y ponerla en otro sitio, creando una situación que muchos hombres intentan alguna vez en su vida, como pobres ilusos, pero que cualquier médico podría decirte que no sólo es una cochinada sino además anatómicamente casi imposible.

No, desde luego el ladrón no sabía a quién había tenido la osadía de robarle. A ella, que había hecho llorar a   Kim Jong Il como si fuera una nenaza. ¡Dos veces! Sí, en el momento en el que diera con él, quien sea que tuviera su bicicleta iba a desear estar muerto. Que, bueno, ya lo está, recordemos que esto es Muerteville. Así que a lo mejor lo que iba a desear era estar vivo. Que, bueno, es lo que todo el mundo en Muerteville desea, así que... ¡a la mierda! Que le iba a infligir más dolor que escuchar a Melendi versionando a Paul McCarthney.

Sacó su Iphone última generación y llamó a su Escuadrón de la Muerte, 8 niñas scout entrenadas para la tortura, la matanza y la venta ambulante de galletitas. En cuestión de minutos comenzarían la persecución.

Afortunadamente para ella, a "Wally" se le había caído el carnet de identidad del bolsillo, así que sabía perfectamente a quién buscaba. Y su bicicleta perdía algo de aceite, como John Travolta, así que sólo tenía que seguir el rastro que, casualmente, parecía ir en la misma dirección que una interminable hilera de botellas de vodka vacías.

"Eres mío, mamonazo" dijo en voz alta "Hueso T". Y dicho esto, la jauría de niñas comenzó su persecución a toda prisa. Necesitaban acabar con todo aquello antes de la clase de gimnasia de la señorita Miranda del día siguiente. La profesora era especialmente dura y no toleraba las faltas de asistencia, que castigaba con dos días de expulsión o la muerte, según fuera su estado de ánimo.

En Muerteville, unas horas atrás, pero menos aún que aquellas que no eran tantas como las primeras, Rolf S. K. Tergory, el dueño de la gasolinera que acababa de ser atracado por "Hueso T" salió a la calle, clamando venganza. Aquella maldita niña le había robado el dinero. ¡Y además se había llevado la caja de galletas que le había comprado! Eso es lo que más le dolía de todo, porque tenía un antojo de galletas de chocolate que ahora, por culpa de aquella mocosa, no había podido saciar.

Era la quinta vez que le robaban aquel mes. En una de las ocasiones llegaron a robarle mientras estaba sufriendo un robo, lo que fue algo ciertamente desconcertante, ya que los ladrones no sabían cómo repartirse el botín que se estaban robando mutuamente, con lo que al final, con la confusión, Rolf acabó quedándose con 1.000 euros y la mujer de uno de los atracadores.

¿Y dónde estaba la policía cuando eso sucedía? Bueno, en una de las ocasiones se encontraba en la tienda, ya que los atracadores eran dos agentes de la ley. ¿Pero y el resto de las veces? Una vergüenza.

Pero ya estaba bien. No pensaba dejar que las cosas quedaran así como así. Aprovechando un descuido de la niña, le había colocado en su lazo de girl scout un localizador por satélite de la NASA que siempre llevaba encima, por si las moscas. Y cuando la localizara iba a hacerle pagar. Claro que sí. 12,95 del zumo que se bebió, más el dinero de la caja más la caja de galletas. Eso era lo más importante: la caja de galletas.

Rolf, a lomos de su yegua Jolly Dolly, que siempre tenía en la trastienda por si las moscas, cogió su carabina Winchester, que siempre guardaba en un cajón de su despacho por si las moscas, y partió en persecución de las niñas que perseguían a Wally que perseguía al grupo que perseguía a León que perseguía a Anna.

En Muerteville, unas horas atrás, Chester, el jefe de policía, dormía placenteramente abrazado a su oso de peluche Kurdo. No se despertó en toda la noche. Mejor así. Era genial que pudiera disfrutar de unas horas de sueño, teniendo en cuenta la complicada jornada que le esperaba el día siguiente.


jueves, 20 de diciembre de 2012

27. Cariño, he secuestrado al niño

No había tiempo que perder. Tenían que salir de Muerteville antes de que alguien empezara a sospechar que algo raro ocurría. Habían ensayado una explicación por si alguien preguntaba. Pero a pesar de la seguridad que les había dado Phil de que el plan resultaría, Jesse tenía dudas de que nadie pudiera creerse realmente que Gladys, Bruto, Mofletitos y él eran en realidad el grupo ABBA, que se había vuelto a unir para hacer una gira por el inframundo, el purgatorio y Villasordete de arriba.

Aún así, Jesse no había dicho nada. En parte porque no quería desanimar a Phil, después de todas las molestias que éste se había tomado para sacarle de allí. Y también porque se sentía cómodo con la peluca y la ropa setentera que había tenido que ponerse, y no quería arriesgarse a que le hicieran renunciar a ella.

Van Helsing conducía a toda velocidad, mientras el resto se dedicaba a quehaceres mundanos como mirar por la ventana, hacer un crucigrama, beber botellas de vodka o afilar sus cuchillos y machetes. Jesse, una vez superada la emoción de los primeros minutos, se dedicaba a mirar el interior de la furgoneta que, todo sea dicho, olía raro. Y no era sólo por las ventosidades de Gladys.

- Ey, tíos - preguntó alegremente, para intentar amenizar el trayecto - ¿Se puede saber de dónde sacasteis la furgoneta? Porque, para ser sincero, parece uno de esos vehículos que usan los pederastas para secuestrar a sus víctimas.

Todos se echaron a reír. Gladys, Mofletitos, Van Helsing, el niño que estaba amordazado en la parte trasera del vehículo, Bruto, Roy, Huloui... De repente Jesse cayó en la cuenta de que algo fallaba en aquel recuento. ¡Cielo Santo! ¡No sabía que Huloui les había acompañado! Hasta ese momento estaba seguro de que se había quedado con Phil en Muerteville...

Aún así, había algo que seguía sin cuadrarle. Probó a sumar las piernas de todo el mundo y dividir entre cuatro, pero luego empezó a pensar que en realidad Mofletitos tenía 4 patas, Huloui ninguna y que Roy había salido de un huevo y perdió la cuenta. Lo intentó de nuevo contando dientes, dividiendo por 32 y haciendo la raíz cuadrada del algorismo de Pi multiplicado por el bosón de Higgs al cuadrado y restando las muelas del juicio que pudieran haber sido extraídas por los dentistas, pero entonces le daba que o bien en el coche viajaban 1.406 personas y un mexicano, o el conductor era el fantasma de Hamlet. Ninguna de las dos respuestas parecía correcta.

- Señor - dijo el niño pequeño, logrando sacarse el paño que tenía en la boca, al ver que Jesse podía pasarse todo el día ensimismado en sus cálculos hasta reparar en su presencia - ¿Podría desatarme?

Al oír la voz del pequeño, Van Helsing frenó en seco.

- ¡Dios mío! - dijo Jesse - ¡Hay un niño amordazado en la furgoneta! ¡Realmente era el vehículo de un pederasta!
- Eso no lo sabemos - se defendió el cazavampiros - A lo mejor es un discípulo de Houdini ensayando un truco de escapismo
- Dentro de un coche y con un trapo en la boca
- Es un truco muy original. Yo pagaría por verlo

Pero lo cierto es que no parecía una explicación convincente. Sobre todo cuando descubrieron en el salpicadero un carnet de la NAMBLA, un alzacuellos metido dentro de una Biblia y un disco de Michael Jackson. Empezaron a mirarse los unos a los otros, pero como eso no lo habían ensayado, al final todos acabaron mirando a Bruto, que se sentía avergonzado ya que no estaba acostumbrado a recibir tanta atención. Jesse parecía realmente cabreado.

- Lobez...digo Van Helsing ¿se puede saber de dónde demonios sacaste esta furgoneta?
- No lo sé. Como tuvimos que improvisar el plan a toda leche, y necesitábamos un coche, pues anoche robé el primero que me encontré y la verdad es que ni siquiera me paré a mirar si había alguien dentro
- Esto es genial. ¡Genial! - dijo Jesse
- ¿En serio? - preguntó Roy - Porque tener a un niño secuestrado en nuestra furgoneta justo cuando estamos en medio de un descabellado plan para saltarlos la frontera y llevarte de vuelta a la Tierra no me parece algo tan bueno...
- Estaba siendo sarcástico - le explicó Bruto
- ¿Sarcástico? ¡Ja! ¿Quién se inventa palabras ahora?
- Sarcástico es una palabra, Roy. Al contrario que "espungorear"

Roy y Bruto comenzaron a discutir, mientras Jesse se llevaba las manos a la cabeza y Mofletitos las patas a la botella de vodka. Gladys observaba la escena con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Decidió asumir el control de la situación.

- Está bien. Creo que lo primero que tenemos que hacer es desatar al niño y preguntarle cómo ha llegado hasta aquí
- Me llamo Timmy - se presentó el niño una vez libre de sus ataduras - Un hombre malo me dijo que me daría caramelos si me subía a su coche, y luego me amordazó
- ¿Pero al final te dio los caramelos o no? - preguntó Roy - Porque en caso afirmativo realmente cumplió con su parte del trato como un caballero...
- No, no lo hizo
- Qué mentiroso
- Y dijo que ahora era suyo y que me haría cosas malas
- Qué bribón
- Y luego me puso un disco de Justin Beaver
- ¡Maldito degenerado! ¡Tenemos que acabar con él!
- No hay tiempo - replicó Gladys - Y tampoco hay tiempo para devolver a Timmy a su casa. Lo siento, pero tendrás que venirte con nosotros a la Tierra
- Pero... - protestó Jesse
- Es eso o dejar que León le meta el pinchito moruno a tu novia
- Timmy, abróchate el cinturón, que nos vamos cagando leches

Van Helsing volvió a poner en marcha el vehículo, que comenzó a desplazarse a la velocidad de la luz. De la luz que había sobre el cuentakilómetros y que marcaba 45 kilómetros por hora. Sí, la furgoneta estaba en las últimas.

- A decir verdad me alegro de haber robado esta furgoneta - le confesó Van Helsing a Jesse - Menos mal que le hemos librado de ese horrible ser
- Sí. Al menos ahora está en buenas manos, con gente que realmente se preocupa por su bienestar. ¿Verdad, Timmy?

Pero el niño no podía contestar. Mofletitos le había retado a que se acabara de un trago la botella de vodka y estaba a punto de ganar la apuesta y fumarse un puro con Gladys para celebrarlo.



miércoles, 19 de diciembre de 2012

26. Siempre hay un camino a la derecha (a no ser que ya estés en el carril de la derecha)

Cuando se levantó, Jesse tenía una pinta horrible, de total y completa desesperación. Como si hubiera pasado toda la noche viendo un ciclo de películas de Katherine Heigl. 

Estaba tan deprimido que ni siquiera se dio cuenta de que no estaba desayunando cereales, sino la comida de Huloui. Un error comprensible, teniendo en cuenta que los cereales venían en una caja y la comida de Huloui estaba dentro de un barreño pegajoso metido en el cuarto de baño. Pensándolo bien, el error no era tan comprensible.

Al darse cuenta de que estaba zampando raspas de sardina y algas crudas, es decir, el menú diario de su tío Ronnie después de perder el negocio, Jesse se detuvo por un momento. Pero luego lo pensó mejor, se encogió de hombros y siguió comiendo, sin concederle mayor importancia. Sinceramente le daba lo mismo. Al contrario que a Huloui, al que no le gustaba que nadie tocara su comida. Sin embargo decidió pasarlo por alto, dada la complicada situación que atravesaba Jesse.

- Socio, es la hora - dijo Phil, que iba ataviado con su mejor capucha de gala para la ocasión

Jesse se acercó a su amigo y le hizo una entrega de un pequeño paquete perfectamente envuelto en papel de periódico desechable y arrugado. Pensándolo bien, la expresión "perfectamente envuelto" quizás tampoco sea la más acertada.

- Oye, Phil. Sólo quería darte las gracias por todo. Me has ayudado mucho y te has convertido en un gran amigo. Así que ayer, cuando salí, te compré esto
- ¡La serie completa de "Tan muertos como yo"! - gritó emocionado el esqueleto al abrir su regalo - Qué detallazo
- Sabía que la querías y, bueno, estaba de oferta y pensé...

Los dos comenzaron a ponerse melancólicos, así que decidieron dejar de hablar y ponerse en marcha. Se metieron en el coche de Phil, que le había prometido a su (ahora ya) segundo mejor amigo que le llevaría personalmente hasta Villa Celestial.

Salieron pronto, por lo que consiguieron librarse del atasco mañanero que solía formarse en la autopista. Jesse se fijó en la carretera. Había tres carriles. El de la izquierda llevaba directamente al Infierno. El del centro, por el que estaban circulando, llegaba hasta el Cielo. Y luego había un tercer carril a la derecha porque...bueno, porque siempre hay un camino a la derecha. Y en este caso conducía de regreso a la Tierra. Es el que utilizaba la Muerte cuando tenía que ir a recoger a algún nuevo cliente.

Estaba triste por lo de su novia, pero no había nada que se pudiera hacer. Así que Jesse se limitó a encogerse de hombros y tratar de disfrutar del paseo. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Pero cuando se aproximaban a la frontera que marcaba el final de Muerteville y el comienzo del Cielo, Phil hizo dos cosas sorprendentes. La primera, sintonizar en la radio una emisora de rock evangélico, aunque eso fue un error debido a los nervios. La segunda, dar un giro brusco con el coche, como si fuera Ralph Schumacher en sus mejores tiempos, para pasar al carril de la derecha.

Por cierto, a partir de aquí el capítulo gana en intensidad y disfrute si lo leen mientras escuchan de fondo el tema principal de Alan Silvestri para "Regreso al futuro". Yo sólo lo dejo caer...

- Agárrate, socio - anunció Phil mientras comenzaba la arriesgada maniobra

El coche derrapó hasta situarse en el carril de la derecha La Muerte no levantó el pie del acelerador hasta que se encontraron en un descampado alejado de la carretera, donde únicamente se divisaba una vieja furgoneta blanca destartalada.

- Phil, ¿quieres decirme qué ocurre? - preguntó un asombrado Jesse, que aún no daba crédito a lo que estaba pasando
- Escucha, socio. No puedo dejar que tu historia acabe así. Vas a hacerme el favor de regresar a la Tierra con Gladys y darle una patada en el culo al imbécil de tu colega
- Pero Phil... Yo te lo agradezco, pero no puedo permitir que me dejes marchar, y menos llevándome también a Gladys
- No, el favor de que te lleves a la vieja me lo haces tú a mí. No quiero tener que soportarla un segundo más. Lo del resto de la cuadrilla sí corre de mi cuenta

Y, como si fuera una señal perfectamente ensayada (a decir verdad sí que lo era; se habían pasado media noche en vela ensayando la coreografía, para que quedara perfecta) en ese preciso instante el resto de la pandilla salio de la furgoneta.

- ¡Gladys! ¡Roy! ¡Bruto! ¡Van Helsing! ¡Mofletitos!
- No pensarías que íbamos a dejarte solo en esta aventura, ¿verdad hijo? - replicó Roy, excitado por la posibilidad de que quizás se vieran forzados a meterse en alguna batalla cruel, sangrienta y despiadada, el sueño de todo aventurero...al menos de los que son crueles, sangrientos y despiadados
- Phil, no sé. ¿Y qué pasará cuando en el Cielo se den cuenta de que no aparezco?
- Tranquilo, eso también lo tenemos bastante controlado

En ese momento, de detrás de la furgoneta, salió alguien a quien Jesse conocía bastante bien

- ¡Ricky! - gritó, sorprendido
- Cuando Phil me contó el plan, me apunté de inmediato. Yo me haré pasar por ti. ¿Quien sabe? A lo mejor no se dan cuenta y me puedo quedar por aquí una buena temporada

Jesse estaba emocionado por el gesto de sus amigos. Tanto que sentía unas irrefrenables ganas de llorar. Pero como no quería que pensaran que estaba hecho un mariquita, se limitó a darle a Phil un beso en la boca. Al darse cuenta de que su gesto podía ser malinterpretado, rápidamente improvisó y besó también a Holoui. Lo que, decididamente, no ayudó nada a que su imagen mejorara.

- Jesse, creo que lo mejor sería que nos fuéramos ya - le echó un cabo Vab Helsing, al ver que el chico, en su desesperación, parecía dispuesto a besarle también a él, para que nadie pensara que tenía favoritismos hacia nadie en concreto
- Sí, hijo. ¡Vayamos a espungorear a León!
- Roy, puedes repetirlo las veces que te dé la gana, pero seguirá sin ser una auténtica palabra - puntualizó Bruto

Jesse aún no se creía lo que estaba ocurriendo. Negó con la cabeza, preso de las dudas.

- No sé. Esto es una locura, es imposible que salga bien. Quizás sería mejor que yo...
- Jesse, tienes que recuperar a tu novia. Es así de sencillo

El chico se sorprendió al escuchar esas palabras, y mucho más al comprobar quién acababa de pronunciarlas

- ¡Mofletitos! ¿Pero tú hablas?
- Sólo cuando tengo algo importante que decir - explicó gato - Y ahora, vámonos, que nos van a dar las uvas y todavía tenemos que pasar por el supermercado para comprar unas botellas de vodka



martes, 18 de diciembre de 2012

25. Carretera secundaria hacia el Cielo

La ceremonia terminó con la colocación del ataúd que contenía el cuerpo de Jesse bajo tierra, mientras sus padres lloraban desconsoladamente. En parte por haber perdido a su hijo, sí, pero sobre todo por lo caro que les había salido el féretro. Y todo para qué, para que lo tiraran de mala manera donde no iba a lucir nada. En su fuero interno decidieron que si alguna vez tenían que enterrar a otro de sus hijos, lo harían en una bolsa de plástico de las que cuestan 5 céntimos en los supermercados. 

Y eso fue todo. Un final que al día siguiente los críticos de Muerteville calificaron como "previsible" y "poco original". Especialmente incisivos fueron los redactores de "Cahiers du muertema", que se lamentaron de que el funeral de Jesse hubiera caído en tantos tópicos propios de los entierros americanos, en vez de apostar por algo más  innovador. 

Recordaron, por ejemplo, un entierro francés celebrado meses atrás, en el que una banda de mimos había bailado una polka sobre el féretro, mientras un centenar de gaviotas se movían al ritmo de "Los pajaritos", al tiempo que el muerto, transformado en una rebanada de pan integral, declinaba al revés los versos de un poema de Pablo Neruda mientras un enano bailaba en una habitación roja. Ninguno tenía ni idea de qué diablos significaba todo aquello, pero no les cabía duda de que aquello sí que era auténtico arte, y no las porquerías que hacían los grandes estudios.

En casa de Phil los ánimos estaban por los suelos. Los ánimos y Mofletitos, al que mezclar vodka con whiskas le había vuelto a sentar especialmente mal. Ninguno de los presentes sabía bien cómo animar a Jesse, que seguía sin poder asimilar las noticias. ¡Los pájaros venían de los huevos! Y luego, por supuesto, estaba el tema del cabrito de su amigo León y su intención de ligarse a su novia.

En ese momento, sonó el timbre. Y las tripas de Phil, que estaba muerto de hambre. La panda de tragones que estaba a su lado había arrasado con su provisión de ganchitos, y ahora su nevera estaba más vacía que la cuenta corriente de Michael Caine cuando aceptó salir en una peli dirigida por Steven Seagal. Porque tuvo que ser eso, si no resulta inexplicable.

El estómago de la Muerte rugía como si fuera el león de la Metro Goldwyn Mayer tras una inyección de cortisona. Tanto que tardaron en darse cuenta de que alguien llamaba a la puerta. Finalmente Jesse se levantó para abrir. Al otro lado se encontraba un tipo alto, con un pelucón bien puesto.

- Tú eres Jesse, ¿verdad? Hola, yo soy Michael Landon - se presentó

Jesse le miró y frunció el ceño, lo que hizo que Michael Landon se pusiera algo triste, al creer que el joven estaba disgustado por su presencia en la casa. Lo que no sabía es que si Jesse le había dedicado esa mirada es porque llevaba la bragueta desabrochada y no sabía cómo sacar el tema sin hacer que la situación fuera innecesariamente embarazosa para ambos.

- Lo sé, lo sé. Lo normal sería que viniera uno de los jefazos a comunicarte la decisión sobre tu destino. Pero ya sabes, la crisis, los recortes...

Volvió a venirse abajo al ver que el chico no era capaz de mirarle siquiera a la cara, como si estuviera enfadado con él. Pero lo que ocurría es que, una vez que se había fijado en el tema de la cremallera, Jesse era incapaz de despegar su vista de ahí.

-¡La buena noticia es que el Cielo te ha aceptado como miembro del club! - dijo Michael Landon, intentando mejorar la situación. Te esperan mañana por la mañana, así que ya sabes, sal pronto y coge la carretera secundaria hacia el Cielo
- ¿Carretera secundaria?
- Sí, bueno, antes teníamos una autopista. Pero ya sabes, la crisis, los recortes...

Jesse asintió con la cabeza sin prestarle verdaderamente atención. ¡Le estaba poniendo de lo más nervioso con el maldito tema de la cremallera! ¿Es que no era capaz de darse cuenta?

- Bueno, me voy - dijo un completamente desanimado Michael Landon - He quedado con Laura Ingalls para ayudarle a vender cupones de la ONCE. Y por la tarde echo una mano con los caballos en el Rancho La Ponderosa. Ya sabes, la crisis...
- ...los recortes... Sí, me hago una idea. Bueno, hasta mañana

Cerró la puerta, aliviado por no tener que seguir viendo la bragueta abierta del tipo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que todo el mundo estaba justo a su lado, con cara de circunstancias. Una vez que se había hecho pública la resolución, ya no había tiempo para arreglar nada más. Jesse tendría que presentarse en su nuevo destino con carácter indefinido, lo que significa que León tenía vía libre para intentar conquistar a Anna.

- Bueno, el Cielo... - dijo Phil - Enhorabuena, supongo
- Sí, sí, el cielo está muy bien - se sumó Van Helsing
- Un sitio tranquilo, buenas vistas... - comentó Bruto
- El blanco es un color muy elegante que pega con todo... - fue la aportación de Gladys
- Vaya día de mierda que llevas, muchacho. Primero tu mejor amigo decide ligarse a tu novia y ahora encima te toca el sitio más rollo, donde las fiestas son espantosas, las mujeres gordas y no hay ni un maldito derramamiento de sangre al día - sentenció Roy, que no había entendido muy bien lo de intentar animar a Jesse

Al recordar el tema, el chico volvió a deprimirse. La verdad es que, visto así, era difícil que las cosas empeorasen. Necesitaba un tiempo para asimilar todo lo que había pasado. Así que se excusó y salió a la calle, a dar una última vuelta por Muerteville solo, antes de que al día siguiente le tocara presentarse en Villa Celestial.

Caminó sin rumbo fijo, tratando de ordenar sus pensamientos, sumido en la más absoluta tristeza. En una calle, a lo lejos, le pareció ver a Michael Landon haciendo de limpiabotas, sin lugar a dudas por culpa de la crisis. Lo peor de todo es que el hombre seguía con la cremallera desabrochada.