lunes, 24 de diciembre de 2012

31. De como el Grinch robó la Navidad, y luego Timmy atropelló y robó al Grinch

A todo el mundo en Muerteville le gustaba la Navidad, menos al Grinch. El Grinch odiaba la Navidad, los anuncios de coches que no era capaz de entender (¿pero quién diablos hacía esos anuncios? ¿David Lynch?) y el giro que había dado la carrera de Jim Carrey en los últimos años. 

El Grinch era verde y estaba furioso. Lo único que le diferenciaba de Hulk es que él no tenía unos pantalones morados ultramegaresistentes (por cierto, ¿dónde diablos comprará los pantalones Hulk? Porque las camisas es evidente que son de los chinos, porque son de una calidad pésima y se rompen a la primera de cambio. Pero los pantalones siempre sobreviven, y además se ajustan tanto al tamaño de Bruce Banner como al de su alter ego. Lo único malo es ese color morado espantoso que, vamos, si yo fuera un adulto teniendo que ir con unos pantaloncitos cortos tan horteras, también me cogería unos cabreos de la leche. ¿Y esa manera de hablar con monosílabos? ¿Qué pasa? ¿Qué estudió con la Logse? En fin, mejor vamos a dejarlo...)

El Grinch era una especie de bichejo, primo lejano de los Gremlins, que había sido creado por el doctor Seuss, un tipo que ni era doctor ni nada, vamos, como el Doctor No, que de dominar el mundo sabría mucho, pero de cómo curar una infección de garganta más bien poco, porque intentar rebanársela al afectado no se considera una práctica estándar en la medicina convencional. Quizás en Uganda tenga sus seguidores, sí, pero eso es todo.

En fin, que en cualquier caso el Grinch decidió robar la Navidad. Pensó que la mejor forma de hacerlo sería camelarse primero a todos los habitantes, con falsas promesas y mentiras, haciendo que confiaran en él para luego, cuando menos se lo esperaran, entrar en sus casas y arrebatarles todos sus objetos de valor. Pero luego se dio cuenta de que ese sistema ya lo habían patentado los responsables de Bankia, así que optó por un enfoque más directo. Les enfocaría directamente con una linterna a la cara, mientras les apuntaba con una escopeta recortada. Más tarde descubrió que algunos directivos de Bankia también habían usado ese sistema, pero le dio igual y siguió adelante con sus planes.

El Grinch comenzó colándose en  las casas de Muerteville introduciéndose por las chimeneas, lo que le llevó a tener un desagradable encontronazo con el desollinador de Mary Poppins, que dijo algo sobre "jodida competencia desleal", "me quejaré al sindicato" y "te voy a meter el chim chimney por todo el...", al creer que el Grinch estaba intentando quitarle el trabajo. Tras discutir durante más de media hora, finalmente el villano decidió dejar el tema de las chimeneas y dedicarse a llamar directamente a la puerta. Lo que a su vez le llevó a tener un desagradable encontronazo con un grupo de mormones que dijeron algo sobre "jodida competencia desleal", "me quejaré a John Smith" y "te la voy a meter por el...", aunque esto último, para ser sinceros, no parecía tanto una amenaza sino más bien un deseo libidinoso por parte de los mormones, que no dejaban de comerse con los ojos al Grinch, del que uno dijo que le recordaba a un antiguo novio al que había conocido en una fiesta de la comunidad Oso.

Sí, fue una noche muy larga para el Grinch, casi tan larga como la peli de "El Hobbit", ese film en el que Peter Jackson parece haber seguido los consejos del hijo de Tolkien de utilizar hasta la lista de la compra con tal de poder sacar unos pocos pavos extra. Pero finalmente, tras muchos esfuerzos, logró su objetivo: apoderarse de la Navidad. ¡Sí! Por fin veía un poco de luz a final del túnel.

Lo de las luces es cierto. Pero no se trataba de un túnel, sino de la furgoneta de nuestros protagonistas, que en estos momentos estaba siendo conducida por Timmy, que había suplicado al resto que le dejaran conducir, ya que el mono de nicotina que tenía le estaba haciendo tener pensamientos violentos...más violentos que de costumbre, por lo que necesitaba estar ocupado si no quería acabar matando a alguien golpeándole en la cabeza con un hueso de pollo al que en primer lugar habría tenido que matar también y arrancarle el hueso que más tarde usaría como segunda arma homicida. Y como mientras lo decía no dejaba de mirar fijamente a Van Helsing, éste consideró que no pasaría nada por pasarle un rato el testigo de conductor del vehículo.

Era de noche y apenas se veía nada en la carretera. Pero, afortunadamente para el Grinch, Timmy pudo verlo a tiempo. Por desgracia para él, no sólo no le importó sino que, como gran jugador del Carmageddon que era, incluso pareció motivarle más a la hora de acelerar y llevárselo por delante. Así que la furgoneta se estrelló violentamente contra el villano, pasándole por encima.

De nuevo la suerte se alió con el Grinch, porque este impacto apenas le causó unos pocos rasguños. Lo malo es que no se puede decir lo mismo del segundo. Ni del tercero. Y del cuarto ya mejor ni hablamos. Timmy parecía estar bailando la yenca, dando un pasito pa'lante y otro pa'trás mientras seguía haciendo picadillo al pobre Grinch y, de paso, haciendo cada vez un poco menos creíble que realmente hubiera sido todo culpa de un desgraciado accidente que no se podía haber evitado, tal y como pensaba alegar si terminaban deteniéndole por este asunto. Aunque claro, si O.J. Simpson se libró de la acusación de asesinato, supongo que todo es posible.

Una vez que las ruedas mostraron evidentes signos de desgaste, Timmy salió del vehículo con su 9 milímetros para hacer 9 agujeros en la cabeza del Grinch. Acto seguido, cogió su saca y la introdujo dentro del vehículo, ante la atónica mirada de Jesse.

- Timmy, ¿has matado a...?
- Sí, he matado a ese jodido Grinch. Y si me encuentro a Jack Skellington me llevaré su cabeza de recuerdo y me haré una bola de bolos con ella, ¿entendido? Y ahora, disfrutad de vuestros regalos y sigamos nuestro camino

Van Helsing y Jesse se miraron, visiblemente afectados. Roy también. Atropellos, asesinatos, robos... ¡eran las mejores navidades de su vida! Se sentía tan imbuido por el espíritu navideño que decidió cantar un villancico. Pero como no se sabía ninguno, finalmente acabó interpretando el "Number of the Beast" de Iron Maiden

(continuará el lunes que viene. Sí, han leído bien, el lunes. Lo cierto es que no tengo tiempo para escribir esto en condiciones de forma diaria, así que es necesario optar por pasar la historia a periodicidad semanal para no correr el riesgo de hacer algo más lamentable que la última temporada de Fringe. Vale, no, nada puede ser peor que la última temporada de Fringe. Pero aún así, si quiero que esto conserve algún vestigio de calidad, será mejor aflojar un poco el ritmo por ahora. ¡Nos leemos el 31 de diciembre, en el último capítulo del año!)





3 comentarios:

  1. Buenos días.
    Disculpe la intromisión, pero es que impaciente por poder seguir las aventuras de sus difuntos y sus no-muertos protagonistas, me preguntaba si el pie del presente capítulo se refería al 31 de diciembre de 2012 o quizás de 2013.
    Gracias de antemano, y feliz año.

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  2. O 2014, me temo.

    Ahora mismo estoy demasiado liado con las correcciones de "La teoría de lo imposible", mi otra novela que pondré dentro de poco a la venta. Y necesito que las ventas sean buenas si quiero tener tiempo libre suficiente como para retomar esta historia. Es triste, pero así es la vida...

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